Más allá de forma y espacio
- Claudia Palacio

- 15 abr 2019
- 5 Min. de lectura
Desde que el hombre dejó su vida nómada y decidió asentarse en un lugar específico, se apropió del espacio. La forma como “límite” surge cuando, ante los peligros del mundo, se optó por crear espacios para la protección. Para ello necesitaron elementos que separasen el refugio del resto del mundo. Definida por superficies, la forma pasó a ser una herramienta útil para determinar el espacio. Sin embargo, su campo de acción va más allá, alcanza a tocar el alma humana. En este texto presentaré algunas reflexiones de acuerdo a mi experiencia y conocimientos adquiridos a lo largo de mi tiempo como estudiante de arquitectura.
Supongo que todos pasamos por un momento de duda antes de decidir qué carrera estudiar. En la actualidad me encuentro orgullosa de mi decisión, lo siento cada vez que camino por las calles y aprecio el efecto que tiene en la vida de las personas. En este corto tiempo he aprendido a ver con otros ojos el mundo, el secreto está en disponerse. Tal vez se anda muy ocupado como para detener la vida y admirar el momento y el espacio presente. Toda la existencia tiene su razón de “ser” y sólo se debe observar para entenderlo, se camufla entre la cotidianidad, aunque se refleja distinto cada día. En mi opinión, así es la arquitectura.
Recuerdo cuando en la segunda clase de Taller Básico I discutimos sobre la importancia de la arquitectura: existe un compromiso estético y funcional. Esta relación fue la que me llevó a estudiar arquitectura, es el equilibrio entre arte y ciencia que quería. La forma, entendida como la descripción de cuerpos que tienen superficie, tiene la capacidad de impactar el volumen que ocupa y el espacio que le rodea. Más adelante estudiamos las diferentes maneras de generar forma según Ching (2015): adición, sustracción, transformación dimensional y planos seriados. A su vez, los elementos pueden organizarse con el fin de materializar una idea. Ching (2015) afirma que existen modos de organización tales como: central, radial, agrupada, lineal y en trama. A partir de esto observamos que una composición depende de su organización y que la armonía entre sus elementos puede ilustrar un concepto generador de satisfacción al espectador.
El espacio por su parte es una magnitud tridimensional, un volumen que necesita límites para ser comprendido. Puede concebirse como la nada que contiene la masa. Se sabe que la forma lo limita pero para que el espacio sea “algo” (entiéndase “algo” como todo aquello que existe con un propósito) necesita estar destinado a una función. Allí nace el arte de generar y manejar espacio: la arquitectura.
La arquitectura relaciona la forma y el espacio al tratar las características y la modificación del hábitat humano. La fusión de forma y función es guía para un diseño adecuado del espacio. Si bien la estética permite transmitir sensaciones, esta también debe corresponder a una objetividad. Defiendo la concepción de forma como la expresión material de lo que se necesita. De esta manera, la función es antes que la forma. El arquitecto se encarga de enlazar elementos para generar espacio y le da un sentido al mismo.
Por otro lado, el espacio también se apropió del hombre: se convirtió en refugio de sus pensamientos, recuerdos y sueños. Significa símbolo de intimidad por sus sencillos y arraigados valores de albergue. Una necesidad física se transformó en un factor determinante de emociones. Llega a ser “algo” con un propósito sentimental e incluso espiritual gracias a su capacidad de evocar sensaciones. "La casa alberga el ensueño, protege al soñador, nos permite soñar en paz”(Bachelard 1975). El hogar es un lugar casi maternal al que llegamos cada día y nos separa del mundo. Entre mis memorias de infancia están los balcones. Recuerdo la tranquilidad de hablar con mi madre mientras siento la brisa que alivia el calor de Barranquilla. Esta sensación de relajación me acompaña cada vez que me encuentro en uno, hace parte de entender el orden del caos. Logro apreciar la ciudad en movimiento y pienso en los cambios con esperanza.
A pesar de que la interpretación de una obra es subjetiva (como en cualquier otro campo artístico), la arquitectura requiere un análisis objetivo: entender la razón de ser del diseño y la construcción. Siempre existirán condiciones, naturales o artificiales que limitan de cierta manera las formas de llevar a cabo un proyecto. Se busca optimizar la calidad de vida de las personas a través del diseño eficaz y útil, consciente de características espaciales previas. Por lo tanto no basta con considerar la forma del edificio, se trata también del impacto que causa en el espacio que le rodea. Según Ching (2015) al momento de construir una forma tridimensional se genera un área de influencia significativa. De este modo el entorno o espacio y la forma mantienen una relación de mutua afectación.
A continuación presento ejemplos vividos dentro de mi cotidianidad. Cabe resaltar que desde que entré a la carrera me dedico más al análisis del entorno. Un espacio de transición que vivo día a día es el Hotel Movich Buró 51. En la fachada que se aprecia desde la carrera 51B hay un jardín con sendas peatonales. He visto la interacción que las personas tienen con éste: grupos se reúnen para almorzar y charlar. Pienso que es el tipo de espacio convertido en símbolo del común de las personas que respeta el entorno de la ciudad al alejar la edificación de la calle y permitir el tránsito intermedio. Surge como contraste, en el espacio público reducido común de Barranquilla , sobretodo en zonas residenciales. Cerca al hotel mencionado anteriormente, en la calle 92 con 49c encuentro casas modernas que por la inseguridad se separan de la calle por rejas que reducen la percepción de cualquier transeúnte. En mi caso, no me hace sentir bienvenida. Con estas experiencias he interiorizado como el uso del espacio es capaz de transmitir sensaciones, incluso opuestas.
Para concluir, no hay duda alguna de que el hombre se ha dedicado a cambiar el mundo en que vive, para bien o para mal. Gracias a la clase logramos definir conceptos como espacio y forma, lo que permite ver el desarrollo que surge de la teoría para después ser aplicados a través de la arquitectura. Esto nos amplia la visión que necesitaremos para el estudio y posterior diseño de espacios que, bajo mi propio concepto, cuenten con una forma que evoque sensaciones de bienestar y una función adecuada a su entorno. Mi reflexión se centra en que resulta indispensable crear conciencia arquitectónica para construir el futuro, desde el presente, puesto que nuestra meta es siempre ir más allá de lo visible.
Referencias:
Bachelard, G. (1975). La poética del espacio. Recuperado de https://ezproxy.uninorte.edu.co:2113Bachelard,
Ching, F. D. (2015). Arquitectura : Forma, espacio y orden (4a. ed.). Recuperado de https://ezproxy.uninorte.edu.co:2113



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